Mi Maratón de Málaga

Hoy he participado de la V Edición del Maratón Cabberty Málaga, sin esperarlo y por sorpresa me encuentro con un dorsal de cortesía hace apenas unos días, un “salvoconducto” para poder disfrutar de una de las mejores carreras en las que haya competido nunca.

Es curioso, no lo esperas, estás relativamente preparado, pero no lo suficiente (quizás) para afrontar un maratón a estas alturas de año, pero claro, tienes dorsal, inscripción a tu nombre, ganas de correr, compañeros y amigos que te animan a ello, que te piden colaboración para que ellos alcancen sus objetivos y te preguntas: ¿porqué no?

Tu espíritu competitivo y deportivo te dice, SI. El sentido común, el plan de entrenamiento para un cercano maratón en 2015 y porqué no decirlo, algo de miedo a fallar, te dicen NO, no es el momento aún pero si participas de alguna manera puedes disfrutarlo desde dentro y desde fuera.

Después de muchas dudas, el día antes decido que no tomaré la salida y que tampoco cruzaré la linea de meta. Que no llevaré la camiseta de mi club, que me lo tomaré como un entrenamiento sin más. Me sumaré a la carrera en el km. 21 y abandonaré poco antes del 42, en la misma recta de meta. Tomar la salida es arriesgado y tentador, no hacerlo significa no cruzar la meta bajo ningún concepto por sentido común, dignidad y respeto a los que lo hicieron a tempranas horas de la mañana y llevan más de 42 kilómetros en sus piernas.

Es muy curioso pero por motivos muy distintos, es el segundo maratón en el que estoy inscrito, este mismo año además, y el segundo en el que no cruzo la meta. Espero que a la tercera sea la vencida, así lo espero con todas mis fuerzas.

Y que carrerón, que increíble experiencia he vivido, como he disfrutado de mi “particular” Maratón de Málaga y cuanto he aprendido como persona y como corredor.


Por qué he visto pasar ante mi a la élite, a la cabeza de carrera como auténticas flechas, en la soledad de la calle pero también he visto como apretaban, extenuados, “los menos rápidos” al final de calle Larios para no sufrir el corte de tiempos en meta de las 6 horas.

Por qué he sido liebre y he marcado el ritmo de compañeros que en otras carreras han servido ellos de la misma referencia para mi.

Por qué he visto la ilusión de gente como yo, de runners como yo, el apoyo incondicional de familiares cerca de la carrera, el sacrificio y el premio al esfuerzo de muchas y muchos runners al cruzar la meta en el Paseo del Parque, he visto el sprint de los últimos cien metros lleno de rabia y orgullo de tantos, he sido testigo de padres que anteponen el entrar en meta con sus hijos después de 42 kilómetros de lucha a ser absurdamente descalificados por la organización, háganse ver ésto en los reglamentos de este tipo de carreras porque me parece lamentable hacerlo, pero que más da, ningún premio es mayor que la sonrisa y la ilusión de un hijo cruzando la meta con su padre.

He sentido la calle, a su gente, los aplausos y los gritos de ánimo de aquellos que saben del desgarrador trabajo de los que llevan miles de metros recorridos y he provocado que aquellos que son meros espectadores pasivos cruzados de brazos, con manos en los bolsillos o sujetando sus móviles y leyendo sus “wasaps” mientras pasa un maratón deben de animar, de volcarse con todos los corredores y no únicamente con el paso de aquellos a los que quieren y esperan, sombrerazo y gracias para aquellos que rectifican y pasan de la indiferencia observadora del espectador, al aliento y el empuje motivador de aquellos que pasan corriendo a su altura.

Increíble lo vivido a la llegada y en el paso por el Puente de la Aurora. Brutaaaaaaal!!!


He aprendido a correr un maratón, sin completarlo. Ya se de la importancia de dosificar, de marcar un ritmo y respetarlo de principio a fin, de que el maratón es una carrera compuesta de muchas carreras en si misma.

Un maratón puede ser un diez mil, una media maratón y después otra seguidamente, es también un maratón o una “ultra” y hasta un 100 metros lisos puede ser, y todo ello mezclado en una sola carrera. La carrera de carreras.

Ya se de la importancia de no sólo entrenar el cuerpo, las piernas y cuidar la alimentación, si no por encima de todo, la mente. He visto como corredores cuyas piernas son capaces de dar una zancada tras otra, su mente se lo impide y he comprobado como las piernas de amigos y runners dicen no y la mente sí, en una batalla sin cuartel en la que cada metro se convierte en una maratón completa en si misma.

Y he visto al temido “muro”, me he enfrentado al “hombre del mazo” cara a cara. Lo he visto reflejado en el rostro y en la mirada de un compañero, de un amigo con el que he compartido más de 20 kilómetros en la mañana de hoy y otros muchos en sesiones de entrenamientos semanas atrás.

Lo he visto frente a mí y he ido derrumbando su pared a cada zancada, con palabras y mensajes de motivación, abriendo paso a aquel que medita entre abandonar y seguir o en porqué apareces ahora si ya queda poco. Ha sido duro destruir ese muro, ver como lo tirábamos pero volvía a aparecer metros adelante, pero nadie ni nada puede con la ilusión y la fortaleza emocional, con el corazón y el espíritu de alguien que sueña con cruzar la meta por muchos muros que se levanten ante él o mazazos que reciba durante esos temibles kilómetros.

Espero que no me guarde rencor, que no espere para vengarse algún día en alguna maratón de tantas que me queden por hacer, pero si así lo hiciera yo tengo el mazo, se lo hemos robado hoy dos soñadores, dos currantes del asfalto y si alguna vez el muro se levanta ante mi, con su mismo mazo lo derribaré.


Hoy no he cruzado la meta, no tengo tiempo oficial, ni me importa, no se que ritmo he llevado, ni me importa. No estoy calificado ni descalificado, no tengo medalla, no la quiero, no hay evaluación de la carrera, ni post de la misma, no he representado a mi club como tantas otras veces, me he representado a mi mismo, metro a metro, dando ánimos, marcando un ritmo para otros, mostrando mi espíritu, mi manera de ser en el día a día, allanando el perfil mental de carrera donde puede convertirse en una cuesta temible, pero soy mucho más corredor que ayer, me siento afortunado por vivir y sentir una maratón en mis propias carnes y sobre todo por aprender tanto de aquellas decenas de corredores con los que me he cruzado hoy por las calles de Málaga y sobre todo, de aquellos con los que he compartido, codo con codo, metro a metro, este maratón.

No soy maratoniano aún, no he finalizado nunca la gesta y la distancia de Filípides, sueño con hacerlo pronto, pero hoy he visto su meta en el horizonte, a escasos 500 metros, la he sentido cerca, casi la he tocado con mis manos, pude hacerlo, puede cruzarla y no quise, no era el momento, el lugar, ni la hora.

Hoy no tocaba ser maratoniano, hoy tocaba sentirse maratoniano y aprender a correr los 42.195 metros de los que se compone la mítica distancia.

Enhorabuena a todos los que hoy habéis cumplido vuestro objetivo y vuestro sueño por las calles de esta maravillosa ciudad, Málaga, y gracias por permitirme haber compartido con vosotros, al menos, un sólo metro de esta carrera.

Me siento corredor hoy más que nunca, me siento maratoniano y es una sensación indescriptible.

Como os envidio campeones!!!


Sevi Fernández.

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